Lo primero es conocer qué precede a un movimiento. Y lo segundo, dirimir sobre la manera más efectiva para su activación. La anticipación de un movimiento se caracteriza por la activación de los músculos antigravitatorios y estabilizadores, por ejemplo, los extensores de cadera durante la marcha o los extensores de muñeca cuando se alcanza o se lanza un objeto.

El procesamiento de esta activación por parte del Sistema Nervioso es automático, por lo tanto, durante la terapia tendremos que buscar una activación inconsciente. ¿Cómo?

Produciendo pequeños ajustes, repitiendo tareas progresivas, provocando perturbaciones y desequilibrios en el cuerpo (como se aprecia en las imágenes) para descandenar leves errores que obliguen al cerebelo a aprender.

Nuestras manos son fundamentales, las aferencias cutáneas activan los husos neuromusculares y facilitan la activación muscular durante las tareas

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