En esta imagen, podemos observar la participación del cerebelo en el control motor del movimiento.

Por un lado, se encuentra la vía dentado-rubro-talámica, que se proyecta hacia la corteza cerebral. A través de esta vía, el cerebelo actualiza el esquema corporal, situado en la corteza temporo-parietal, y dotar al movimiento de ajustes posturales predictivos (conexiones hacia la corteza motora suplementaria y premotora). ¿Por qué el cerebelo es capaz de realizar esta función? Básicamente, porque recibe un copia constante de los patrones de movimiento que genera la corteza (tracto corticopontocerebeloso) y de las aferencias propioceptivas inconscientes (tractos espino-cerebelosos). Por tanto, el cerebelo contrasta toda la información sensorial y determina si los patrones motores realizados por la corteza son los apropiados dadas unas circunstancias espaciales y temporales precisas. En caso de que no, modificará los patrones a través de la vía mencionada, dotándole de ajuste posturales. Estos ajustes son los responsables de crear nuevos patrones motores, es decir, nos permiten aprender.

Por otro lado, el cerebelo influye sobre el control postural del movimiento. ¿Cómo? Actuando sobre la formación reticular del tronco del encéfalo y los núcleos vestibulares. Estas conexiones se encargan de aumentar el tono extensor de manera bilateral.

La patología del cerebelo se caracteriza por:

Hipotonía

Problemas de coordinación (dirección del movimiento)

Dificultad para responder a perturbaciones del entorno o para adaptarse (peso de los objetos, grosor, tamaño…) y Temblor intencional

Referencias

Molina Carratalá. La marcha humana: biomecánica, evaluación y patología. Panamericana. 2020