La articulación temporomandibular (en adelante ATM) es una articulación sinovial entre el hueso temporal (cavidad glenoidea y tubérculo del temporal) y la madíbula o maxilar inferior (cóndilo mandibular). Entre las superficies articulares de cada hueso se ubica un disco o menisco articular que permite un movimiento fluido entre estas. Se trata de una articulación pequeña pero perfectamente diseñada, sobre la que actúan músculos muy potentes, encargados de realizar funciones repetidas diariamente, como la masticación

La ATM está sometida a la influencia de dos grupos musculares:

Músculos masticadores: Masetero, Temporal, Pteregoideo externo y Pteregoideo interno

Músculos supra e infrahioideos: digástrico, estilohioideo, geniohioideo, milohioideo, omohioideo, esternotirohioideo, esternohioideo, tirohioideo

Estos músculos son los encargados de llevar a cabo los movimientos de la ATM:

– Descenso y ascenso

– Proyección hacia delante y hacia atrás

– Lateralidad o diducción

Los músculos Masetero, Temporal y Pteregoideo interno se encargan del movimiento de ascenso de la mandíbula (cierre de la boca); mientras que, los músculos supra e infrahioideos y Pteregoideo externo descienden la mandíbula (abren la boca). En el movimiento de descenso el cóndilo mandibular se desplaza hacia delante, mientras que en el movimiento de ascenso o de cierre se desplaza hacia posterior.

El espasmo de la musculatura que controla la masticación puede provocar alteraciones de la alineación de la ATM, como un cóndilo anterior o posterior. Por ejemplo, un espasmo de los haces posteriores del músculo Temporal o del Masetero producen un cóndilo posterior, desequilibrando la relación entre ambas ATMs durante la masticación. En este caso, observaremos una desviación de la mordida y posiblemente un chasquido en el movimiento de descenso de la mandíbula. Además, el espasmo de estos músculos desencadenará, por un lado, dolor, que puede irradiarse a lo largo de la esfera craneal; y por otro, alteraciones de la oclusión dental, estableciendo un círculo vicioso que puede incrementar el tono de la musculatura.

La observación y la palpación son las herramientas más accesibles para determinar un trastorno a nivel de la ATM. Las técnicas de relajación y estiramiento de los músculos, así como, la movilización de la articulación mediante técnicas articulatorias, destinadas a reequilibrar el movimiento, elongar las estructuras ligamentarias y romper las adherencias capsuloligamentarias generadas, son las estrategias de elección para abordar estas disfunciones.

Además del tratamiento local, es importante realizar una evaluación global, ya que la etiología de las lesiones de la ATM puede ser múltiple: estrés, alteraciones de la oclusión dental, intervenciones odontológicas recientes, alteraciones de la postura (raquis cervical), entre otras.

En definitiva, la ATM constituye una articulación sinovial, como otras del aparato locomotor, susceptible de lesionarse durante su biomecánica y que por tanto, los fisioterapeutas debemos aprender a valorar y tratar.

Referencias a consultar:

Fernández de las Peñas y Mesa Jiménez. Trastornos de la articulación temporomandibular. Editorial Médica Panamericana. 2020