El test de Romberg ofrece una información diagnóstica muy útil, sin embargo, a menudo es malinterpretada.

La prueba se realiza con la persona en bipedestación manteniendo los pies juntos y cerrando los ojos. Por tanto, examina la integridad de las distintas informaciones que permiten mantener el equilibrio: las aferencias visuales, propioceptivas y vestibulares. Así, con los ojos cerrados, la estabilidad del paciente solo dependerá de las aferencias vestibulares y propioceptivas. En caso de afectación vestibular, el sujeto, al cerrar los ojos, se caerá hacia el lado de la lesión, es decir, de manera unilateral. Cuando el problema es propioceptivo, por ejemplo, en caso de lesión de los cordones posteriores de la médula (vías propioceptivas), el paciente se caerá inmediatamente después de cerrar los ojos. Solo en este último caso, el test se considera positivo. En caso de afectación cerebelosa, la prueba de Romberg no tiene un valor diagnóstico importante, de hecho el paciente se cae incluso con los ojos abiertos cuando cierra la base de sustentación. Por tanto, la exploración del cerebelo debe focalizarse en la búsqueda de la Dismetría, la Disdiadoacocinesia, el temblor intencional y la Ataxia.