Podemos agrupar la amplia variedad de manifestaciones clínicas que pueden presentar las personas con patología neurológica en los siguientes bloques:

Alteraciones de la función motora: parálisis/paresia, alteraciones del tono, de los reflejos, pérdida de fuerza muscular, trastornos extrapiramidales (hipercinesias – distonía, corea, temblor cinético, tics, balismos, etc. – e hipocinesias – bradicinesia, rigidez, temblor postural)

Alteraciones de la sensibilidad y dolor: parestesias, disestesias, hipoestesia y anestesia (de cualquier de sus modalidades: táctil, dolorosa, térmica, propioceptiva y vibratoria)

Alteraciones de la coordinación: ataxia, dismetría, asinergia, disdiadoacocinesia

Marcha atáxica en un paciente con afectación cerebelosa

Alteraciones de la marcha e inestabilidad postural: patrones atípicos, ajustes posturales, estabilidad en bipedestación

Alteración de las funciones superiores: Lenguaje (disartria y afasias), Percepción (agnosias), Ejecución (apraxias), conducta y cognición

Marcha apráxica en un paciente con demencia

Disfunción autonómica: sialorrea, disfagia, estreñimiento, nicturia, urgencia miccional, etc.

En el abordaje de la persona con patología neurológica es importante contemplar todas las manifestaciones clínicas posibles, con la misión de plantear los objetivos de tratamiento, conocer a nuestro paciente, su entorno y los posibles factores que pueden interferir en el éxito de la terapia (trastornos de la comunicación, depresión, problemas de conducta, dolor, alteraciones de la sensibilidad, etc.).